Clara atiende el WhatsApp de la clínica. Le escribís como le escribirías a la secretaria: "hola, necesito turno con el traumatólogo", y ella te lo da. Cancela, reprograma, te dice si tu obra social cubre y cuánto es el copago, te anota en lista de espera si no hay lugar, te manda el recordatorio el día antes. Si la cosa se complica, te ofrece pasarte con alguien del equipo. Lo que no sabe, no lo inventa.
El WhatsApp de la clínica es un quilombo. Entran mensajes a las 11 de la noche, un domingo, mientras la secretaria está atendiendo a alguien en el mostrador. Se contestan tarde o no se contestan, y cada uno de esos es un turno que se perdió.
La solución de siempre es un turnero web: bajate la app, hacete una cuenta, buscá tu profesional. Nadie quiere hacer eso. El paciente ya tiene WhatsApp abierto, ahí quiere resolverlo, escribiendo como habla.
Está pensado para clínicas y consultorios en Argentina donde la recepción ya duele: policonsultorios, centros de diagnóstico, lugares con varias sucursales. El que decide es el dueño, que sabe perfecto cuántos turnos se le escapan por mes y cuánto le cuesta tener a alguien contestando lo mismo todo el día. Si ya tienen sistema de gestión, Clara se enchufa ahí. Si no, funciona igual con su propia agenda.
Esteban Nicolas Diaczun
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